Ene 20 2009
“Las dos Orillas” del poeta tetuaní ‘Abderrahman El Fathi’
Desde la otra orilla es un título más que sugerente. Nos sitúa desde el principio en una de las dos orillas que constituyen geográficamente uno de los vínculos más significativos entre España y Marruecos: una proximidad que facilita el sueño y que nutre el imaginario colectivo.
Se habla del título como la llave necesaria para penetrar el mundo de la escritura (prosa sea o poesía): una especie de código con que se abre la escritura y que materializa en muy pocas palabras el sentido oculto de toda una obra. Los ejemplos aquí no faltan: Doña perfecta de Galdós, Las puertas de los sueños de Rodolfo Gil Grimau, España, aparta de mí este cáliz de César Vallejo; Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández…
En el caso de Desde la otra orilla, el título nos sitúa desde el principio en un espacio dual. El punto de arranque es una orilla, contenida y llevada en el mismo título de la obra, siendo la otra, sugerida a través del lenguaje.
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La primera orilla, desde donde se materializa y nace el soplo poético (Marruecos) está definida en la portada por objetos, colores, letra árabe…En cuanto a la segunda (España), está sugerida por el propio idioma utilizado: el castellano. Los dos espacios quedan finalmente presentes a través de una sola palabra, “orilla”, que remite a los dos espacios del Mediterráneo.
Y en esto suscribimos completamente lo que viene contenido en el título que ha dado José Ramón Ripoll, a su introducción/prólogo a esta obra: “Desde su otra orilla” (p.5), lo que en sí supone que el poeta no puede ser definido más que en relación con las dos orillas que constituyen en cierta medida sus señas de identidad. Eso no es más que la materialización de la experiencia vital del creador: un hispanista marroquí oriundo de la ciudad de Tetuán, cuya carga histórica en lo que atañe a la relación hispano-marroquí ya no está por demostrar.
El poeta Abderrahman EL FATHI, tanto por su ubicación geográfica como por su orientación profesional (hispanista investigador), es ya, como diría el poeta granadino García Lorca, ; “esposo legítimo” de un mar que lo lleva constantemente de una ribera a otra. Y por este mismo motivo, sus poemas no pueden ser más que una encarnación de este vaivén de unos parámetros culturales a otros, de un espacio a otro, de un amigo a otro… finalmente, de un mundo a otro.
Desde la otra orilla es una de las publicaciones poéticas más recientes de Abderrahman EL FATHI. Consta de cinco subdivisiones que nos trasladan de un espacio poético a otro:
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-“Triana, imágenes y palabras” (1998) que nos ubica en el nostálgico Al Andalus (actualizado en cierta forma), con sus hombres (Abderrahman III, Lorca, Camarón…), pero sobre todo, y metafóricamente, con un espacio que llora la propia ciudad de Tetuán:
“Tetuán llora tu huida,
empuña su flor y ¡Grita!
Se arrepiente de fluida
amargura. ¡Córdoba!
¡Espera, detente!
Cada vez más cerca,
me sofocan tus suspiros
y me asustan tus cuchillos.”(p.25);
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-“Abordaje” (2000) que nos sitúa en un Estrecho, paso obligado para “atracar” en la otra orilla; un Estrecho en cuyas profundidades hay vida, pero que es también devorador de vidas y de esperanzas; un verdadero y auténtico cementerio marítimo:
“Aparecen los tiburones se llevaron el anillo
Espera una madre
la Guardia Civil
se lo ha traído.
Las novias lloran
en un puerto sin barcos, sin gaviotas
con pateras
con MUERTE.
Y una madre espera a su hijo
pero una ola se enamoró del moreno
y a las profundidades lo
arrastró” (p.50);
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-“África en versos mojados” (2002) que no es más que una suma de gritos rebeldes en contra de un espacio donde “brilla la falta de dignidad” (p.68) y donde la verdadera deshonra, es “permanecer en tierra” (p.73); el poeta se refiere aquí a la otra orilla donde le ha tocado vivir:
“La tormenta africana azota
se derrite de soles dorados
hambrientos de todo norte
ajenos a las cruentas
llamadas. Ajenos;
a las verdes colinas
asomaban sus esperanzas
a la ribera del sueño” (p.77);
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- “El cielo herido” (2003) y “Primavera en Ramallah y Bagdad” (2003) que recogen, no sin cierto dolor y emoción por parte del creador, toda la tragedia de Medio Oriente; una tragedia que se contempla y se vive en la resignación más absoluta.
Es el caso de cierta primavera dolorosa en Bagdad:
“Qué distante es mi dolor
en tus fronteras.
El rumbo de tu historia
late en tus cafés, en tus calles,
en cada sorbo de aire quebrado
/…/
Y mi rabia hundida
en café amargo de Bagdad” (p.97);
o la del palestino, como eterno exiliado/refugiado que no ha logrado todavía el cobijo donde pueda liberar en paz su aliento:
“Y ahora en Tierra,
refugiado en el exilio
también refugiado
en la calle exiliado
de nuevo refugiado,
desplazado en tierra.
Humillado, triste y siempre
refugiado en tierra sagrada” (p.168)
En la obra entonces, y desde las primeras páginas, es decir desde los primero esbozos poéticos que definen de entrada la antología, la sombra de Federíco García Lorca se asoma en la “oscura ciudad de Tetuán” (p.17), dejando la voz del poeta tetuaní “arrinconada” y él, “olvidado” en una sombra, sin luz, sin oda, pero con u cobijo donde “fluyen las alegrías de un día cualquiera” (p.23).
Así, y como mendigo desamparado, el poeta busca la sombra del paraíso perdido de Abderrahman III, que, con el erótico sueño, le hirió en lo único que le quedaba: un corazón floresciente, convertido en versos, ahogado en “las profundas aguas del estrecho” (p.31).
Así son los poemas de esta voz tetuaní, tan tiernos y tan poéticos, y en que todos los géneros “se estremecen en sus entrañas” (p.40), y en que surge “el primer DOLOR” (p.40).
Como única y sólida compañera de estos suspiros, queda la mar, “sólo la MAR” (p.42), tan inmensa y único “náufrago de la eternidad” (p.45).
Y como un desarraigado, fruto de las olas traicioneras del mar del Sur, de un mar que cada vez más va creciendo, el “yo” poético
sigue buscando lo que llena con resignación, cobardía e impotencia nuestras columnas periodísticas: “una amarga travesía” (p.53) que termina con novios y novias sin anillo; un anillo perdido para siempre en las profundidades del mar.
Y como siempre ocurre en la vida, una resignación trae y llama a otra; la de Bagdad y Ramallah esta vez que empujan el poeta a denunciar su silencio, maldecir y llorar su existencia, quemar su ropa y su identidad árabe, y ….denunciar su silencio (véase p.101). Pero, más que un grito, es un susurro que emana de las entrañas de un ser sensible que se siente como prisionero de sueños, corazones y cuerpos, y de diablos que, con sus majestuosas alas, sollozan en su Estrecho.
El poeta se conforma entonces con el silencio que le ofrecen su libertad, sus sirenas, sus olas, su ausencia. Pero a veces, despierto de sus intimidades y subjetividades, sufre la primavera del distante espacio y la “presencia silenciosa de destrucción” (p.98). Y entre el hablar y el denunciar, se consume otra vez entre “ausencia” y “silencio” (p.101).
¿Qué más da? -dirá finalmente el poeta- si como ellos, se siente “sin dioses ni profetas”, encerrado en su habitación, sin refugio, y con la noche como compañera; y ¿qué más da? si se siente perdido en sus aires y en sus “ vuelos desconocidos”. En fin, poco importa si la evidencia se hace sueño bajo el histórico Tánger que lo espía por todos sus bulevares y si el propio poeta ingresa en la confusión hasta llegar al extremo de no saber si esta hablando del cielo herido o de una frialdad que no ahoga, Mientras “Todos te cantan / y yo te lloro” . (Véase pp. 131-135).
Así, con sus pocos años, el poeta se siente envejecido, como para encarcelar sus suspiros y ser preso de las “brumas del placer” (p.138), interpelando su alma para llevarla a Ramallah y vivir “la ilusión/ de una gaviota / en un garaje cualquiera (p.153) y “así morir de nuevo en el aire “( p.155). Poco importa -dirá el poeta- si “las palabras se rebelan / los ríos se secan / y los mares lloran tristezas” (p.162); y poco importa si el sueño del poeta ha de ser libre, pero atado a sus lágrimas: “Dulce sensación de fracaso / obtuso y obstinado” que “renace siempre con un primer / beso nunca recibido/ Saliva de amor rechazado” (p.170).
Poco importa finalmente si el poeta no alcanza nombrar las cosas, para volver otra vez a la soledad lorquiana, sin alcanzar siempre la esencia de las cosas: (“No te llamo por tu nombre”, “ no alcanzo tu dolor”…. (p.191) por ser todo cobijado en su entrañable Estrecho, y en sus míticas orillas, paso obligatorio de todos sus alientos y soplos poéticos: “Luces se acercan / siempre tras un horizonte/ azul / brillan las miradas / en los ojos / abiertos de Tánger, y llegar / inquietas / al corazón del mar / en el lunar de tu Estrecho” (p.197)
Dr. Abdellatif Limami
Universidad Mohamed V Rabat.
* Abderrahman EL FATHI. Desde la otra Orilla, Quórum editores, Cádiz, 2004, (España).

